Viola

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En la secuencia de la obra de teatro en Viola, Matías Piñeiro hace algo magnifico con el espacio. Utilizando no más que cinco, tal vez seis, actores, los ángulos adecuados, yuxtaposiciones correctas para cruzar la dirección de mirada, y lentes de distancia profunda para mantener a sus personajes en foco, dejando el resto borroso, crea la sensación de un teatro lleno y espacioso. Es una solución muy económica, basada únicamente en el primer plano. Al omitir, controladamente, el espacio general permite que recreemos mentalmente el resto.

En la secuencia que continúa, en los camerinos, hace algo similar, únicamente que ahora cuenta con espejos para extender la habitación. Las cuatro actrices está en un espacio pequeño y una vez más está utilizando el primer plano como base para la escena. Lo reducido del cuarto no limita la dinámica entre ellas, se pueden mover libremente, no se estorban pues y sin embargo es claro que el lugar es pequeño. El ver a los personajes entrar, salir e intercambiar posiciones en un primer plano sólo enfatiza la comodidad que hay entre ellas y permite que la platica que se sienta natural. Y es que al final eso eso: Piñeiro no es un director de espacios, me refiero a que no enfatiza el espacio como lo hace, tal vez, Joanna Hogg a quien tampoco me puedo sacar de la cabeza últimamente, controla esos espacio pero su enfoque está el dialogo y la interpretación, y quizá el primer plano, o al menos el rostro. Lo bonito de esta escena es como la charla entre las actrices comienza como una platica cualquiera y va desarrollando un ritmo conforme la trama se vuelve shakesperiana que termina en rima por completo. Tal vez en una rima sencilla, pero termina en clara rima en absoluto.

Ahora, permitanme regresar a la secuencia anterior, la del teatro. Esta escena, también, contextualiza el resto de la película, sirve para centrarnos en; uno, el tono que rodea las historias, aunque aquí se presenta en su mayor intensidad, obviamente teatral; dos, la conexión entre las dos secciones de Viola, cuando uno de los espectadores se convierta en uno de los personajes de la segunda parte y entendemos la importancia del otro. Diría, incluso, que esta escena toma mayor fuerza cuando se ve por segunda ocasión y se puede entender mejor las reacciones, directas, de los espectadores ante el texto y las actrices. Y finalmente, tres, la escena inicia un loop que es el centro de la magnifica secuencia que continúa a la secuencia del camerino. En esa escena un ensayo se convierte en algo más conforme las actrices incrementan la intensidad y se encierran en frases especificas con cada repetición. Es brillante, de parte de Piñeiro y de las actrices.

Otra secuencia que me llama la atención es la que sucede dentro del carro en la segunda sección de Viola, simplemente porque nunca queda claro si sucede, que sucede o si es una constricción mental, un sueño o una fantasía. Para este momento Viola se encuentra con Cecilia por casualidad o accidente. Como contexto, Cecilia interpreta al personaje de Viola de Noche de Reyes en la obra de teatro, en una escena en la que está vestida como Cesario aunque en realidad toma el nombre de Bassanio en aquella escena, la obra en realidad es un pastiche. Ambas están esperando por Agustín dentro del carro cuando una tercera persona se les une, Ruth, quien conoce a ambas por lugares distintos. Las tres chicas comienzan a hablar y, tal cual sucede en las escenas del camerino y el ensayo, una cosa va dando pauta a la otra de manera tan natural como extraña. Por ejemplo, lo que empieza como un juicio no bien recibido de parte de una amiga y una, prácticamente, desconocida, termina en una oportunidad laboral amistosamente recomendada cuando Viola puede recitar de memoria y a la, casi, perfección, el monologo que las otras chicas practican. Por si fuera poco hay una lluvia que sale de la nada y se va igual rodeando la escena. Hay una cualidad de elipsis en la platica y la entrada y salida de la lluvia.

Ese tipo de entradas y salidas me encantan en Viola. Una cosa se transforma en otra y en otra y en otra, las charlas están, casi, encantadas, evolucionan. Y por supuesto, el tono, incluso el final que en su V.O. remarca un final inescapable se encierra en una pequeña victoria para el personaje en ese preciso momento. Es encantadora.

Notas:
– En la lista, “Películas que hablan de piratería sin juicios“.
– La escena inicial de Elisa Carricajo es hermana gemela de la de Elisabeth Moss en Listen Up, Philip. Es una hermana más ruda, breve y no tan frontal, tal vez porque en este caso no conocemos al personaje con el que esta terminando, ni el como han llevado su relación, pero ambas están en la misma situación: el dolor de la ruptura de una relación y el valor de dar el paso para confirmar el final.

Publicado por

Luis Enrique Rayas

Cree fielmente en que JL Godard y D Ziggler pertenecen al mismo mundo, y eso lo hace un lugar mejor.