Manakamana

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En Manakamana hay un trabajo riguroso de estructura. 11 paseos en teleférico que aparentan no tener corte incluso cuando la misma estructura muestra que los tiene. Los primeros 6 viajes suceden de subida, los últimos 5 de bajada. Todos con encuadres similares: dentro del carro, plano medio(-ish), viendo a los personajes de frente, con la ventana mostrando el paisaje exterior, cámara fija.

La narrativa, entonces, se construye a través de los ecos y repeticiones entre las personas que vemos durante los diferentes viajes. Empezamos con dos traslados silenciosos en los que podemos estudiar el paisaje y los espacios, los personajes no demandan atención por lo que la mirada puede enfocarse en el fondo. El diseño sonoro también es vital. A partir del tercer viaje se empieza a brindar nueva información, aprendemos a donde se dirige el carro y que los oídos duelen al subir. Lo que continua es el seguimiento de un poco de información y sus confirmaciones. En un viaje escuchamos el sonido de una carretera cerca de la estación pero no la vemos sino hasta un par de viajes más adelante. Lo mismo pasa con el río, un grupo de personas lo mencionan, lo vemos por primera vez con un grupo diferente que ni siquiera voltea en su dirección y conocemos su nombre hasta el final con otra pareja.

Las experiencias de estos 11 grupos de personas (o de seres vivos, mejor dicho) nos dejan al final con el sentimiento de que conocimos el lugar y las similitudes-a-pesar-de-las-diferencias entre los humanos. Jóvenes o viejos, los oídos duelen al subir. Humanos, chivos, incluso espectadores, todos brincan al pasar por primera vez por las torres. El grupo de jóvenes rockeros toma fotos durante todo el viaje con tres cámaras diferentes de shot and point, la joven americana toma fotos con una cámara HOLGA y habla sobre lo difícil que es conseguir diapositivas en Nepal y el tiempo que le lleva seleccionar y editar las fotos de su viaje. La experiencia de uno comenta sobre la experiencia del otro, incluso cuando los grupos no tienen contacto entre sí. El mismo grupo de rockeros habla sobre grabar un video con sus guitarras en el teleférico y más adelante dos adultos tocan una canción durante su viaje con instrumentos tradicionales. Así, de poquito en poquito vamos conociendo más y más, mientras entendemos los ecos entre las personas.

Por si fuera poco, Manakamana tiene una de las escenas más emocionantes y divertidas del año, proveniente de una idea de la que nadie esperaría esos resultados: una viejita comiendo una paleta apresuradamente antes de que se derrita. Manakamana junta todo lo que hace grande al cine y lo presenta en su forma más sencilla. Es simplemente magnifica.

Nota:
– También hay algo increíblemente cinemático en el simple hecho de tener un encuadre fijo que tiene su propio encuadre interno en movimiento. De esta misma forma se han filmado la mayoría de las escenas en autos, trenes, aviones, ventanas, etc. por más de 110 años. Ese mismo emplazamiento podría ser falseado con facilidad, como se hace constantemente, con pantalla verde, mattes o un poor man’s process.

Publicado por

Luis Enrique Rayas

Cree fielmente en que JL Godard y D Ziggler pertenecen al mismo mundo, y eso lo hace un lugar mejor.